Un día entresemana, ya entrada la noche tenía antojo y no sabía de que exactamente, fui a la cocina, revise el refri y nada se me antojo, así estuve por 2 horas aproximadamente.
De pronto, recordé que había frijolitos, frijolitos negros que había hecho mi papá, puse aceite en un sartén, comencé a freir tortillas hasta que quedaran muy crujientes, bien tostadas. Las acomode en un plato, les puse frijoles encima y queso (cotija), mi hijo se acercó y me pidió un plato igual.
Nos sentamos a cenar tostaditas con frijoles y queso, con un poco de salsa verde encima y fué de las cenas más ricas que podemos disfrutar. Las tostaditas con frijoles, tan sencillas de hacer y tan fáciles de comer, son el plato más delicioso que puede haber en mi casa.
Mi abuela Aurora me las preparaba, era su plato favorito cuando no sabíamos que comer, para un antojo, de almuerzo, para una reunión, ella todo lo solucionaba con unas tostaditas, a veces muy crujientes, otras, sólo tostadas de la panza y blanditas de abajo, pero siempre con frijoles encima, queso y salsa. Cabe mencionar que los frijoles de mi abuela eran deliciosos, así salidos de la olla, sin más, ni refritos, ni acompañados de nada, simplemente de tortillas y salsa.
Cuando yo era pequeña, ella me hacía unas tortillitas, que cortaba con una corcholata de refresco, las freía las acomodaba en un plato y les ponía frijoles, yo no sabía como hacía para comprar me esas tortillas tan pequeñas y ella me engañaba, diciendome que las hacía con sus dos dedos índices, muchos años le creí, hasta que un día sin querer, la encontré cortándolas. Pero siempre fueron algo que podíamos compartir y acompañar de un café negro.
Mi abuela todo solucionaba con frijoles y un café negro, mi papá cocina los frijoles con un sabor igual a los de mi abuela, le quedan muy ricos, así que en mi casa sigue siendo válido cualquier pretexto para comer frijolitos, en torta, en plato, con memelas, con chalupas, pero sigue siendo muy rico comerlas sólo sobre unas tortillas tostaditas.